En este 15 de octubre Día de las Mujeres Rurales de 2025, reclamamos nuestro lugar en la toma de decisiones ya que la forma en que se diseñan y aplican las políticas públicas sigue ignorando nuestras realidades, necesidades y aportaciones. Los pueblos no son lugares de segunda, sino ecosistemas de los que las mujeres somos la columna vertebral.

Las mujeres del medio rural enfrentamos múltiples formas de discriminación: por ser mujeres, por vivir en pueblos y por otras variables como edad, clase, origen, diversidad funcional… Eso se suma a que las condiciones de vida son distintas y más difíciles en el medio rural: empleo, vivienda, transporte… Además, la sobrecarga de trabajo de cuidados no remunerados recae de forma desproporcionada sobre nosotras, limitando nuestras opciones de vida y trabajo, liderazgo y participación. Por supuesto, los estereotipos patriarcales también tienen su papel: las mujeres en los pueblos somos consideradas “ayudantes o colaboradoras”, pero no propietarias, productoras, gestoras o líderes legítimas.

 

Hay otras circunstancias que dificultan el contexto de las mujeres de los pueblos: la masculinización, el envejecimiento y la despoblación del medio rural están ligados a la falta de oportunidades para las mujeres, especialmente las jóvenes. Y la violencia machista en los pueblos existe y se agrava por el aislamiento y la falta de recursos públicos accesibles y específicos.

 

Por ello, las entidades locales y territoriales de Navarra en el Día de las Mujeres Rurales vemos urgente y necesario trabajar en estos objetivos:

Equilibrio e inclusión

Superar el modelo urbano-céntrico y patriarcal: pensar de una forma equilibrada e inclusiva, que reconozca a todos los territorios y a todas las mujeres como parte esencial del desarrollo de Navarra.

Enfoque de género

Incorporar el enfoque de género e interseccional a las políticas públicas: diseñar y poner en marcha las leyes con perspectiva de género y rural, asegurando la permanencia y autonomía de las mujeres de los pueblos.

Reconocimiento

Reconocer a las mujeres y asociaciones de mujeres rurales como agentes del desarrollo y valorar su papel estratégico en la cultura y la vida comunitaria, la soberanía alimentaria, la transmisión de saberes y el trabajo tanto reproductivo como productivo.

Derechos básicos

Garantizar derechos básicos como servicios públicos adaptados y de calidad (salud, educación, cuidados, vivienda, conectividad, transporte, cultura, participación política), incluyendo recursos accesibles frente a la violencia de género.

Invertir en el rural

Es imprescindible que las zonas rurales sean financiadas adecuadamente. Hablar de igualdad no es suficiente: hay que fomentarla, en cada pueblo, en cada decisión, en cada presupuesto.

Y todo ello desde el compromiso con una agenda feminista y rural, de acuerdo a la realidad de cada territorio. Porque superar el modelo urbano-céntrico y hacerlo con perspectiva de género es una cuestión de democracia, justicia y futuro. 

 

 

Sin mujeres no hay rural, y sin rural no hay futuro.